Por qué intentar controlar la ansiedad suele empeorarla
Intentar controlar la ansiedad suele reforzarla a largo plazo. Aprende por qué ocurre este efecto paradójico y cómo se trabaja el cambio desde terapias basadas en evidencia como ACT, mindfulness y enfoques conductuales.
Psicólogo Humberto Morales Casillas
2/13/20263 min read
Hablemos de Ansiedad
Cuando la ansiedad aparece, la reacción más común es querer que se vaya. Respirar para calmarla, distraerse, evitar lo que la activa, tranquilizarse mentalmente o buscar certeza inmediata. Todo esto tiene sentido: nadie quiere sentirse ansioso.
Sin embargo, en consulta vemos algo que suele sorprender a las personas:
👉 cuanto más se intenta controlar la ansiedad, más intensa y persistente se vuelve.
Esto no ocurre porque la persona lo haga “mal”, sino porque la ansiedad funciona de una manera muy particular desde el punto de vista psicológico y fisiológico.
¿Por qué la ansiedad no se comporta como otros malestares?
La ansiedad no es una emoción cualquiera. Es una respuesta de alarma diseñada para protegernos ante posibles amenazas. El problema aparece cuando esa alarma se activa de forma constante, incluso cuando no hay un peligro real en el presente.
En personas con ansiedad constante, el sistema nervioso aprende a mantenerse en vigilancia permanente. Desde ahí, cualquier intento de control suele ser interpretado por el cuerpo como una señal de que realmente hay algo peligroso.
El efecto paradójico del control
Aquí entramos en un punto clave, respaldado por la psicología basada en evidencia:
👉 cuando intentas no sentir ansiedad, empiezas a vigilarla.
Y cuando vigilas una sensación interna:
aumentas tu atención sobre ella
amplificas las señales corporales
refuerzas la idea de que es peligrosa
Esto explica por qué muchas personas dicen:
“Entre más intento calmarme, más nervioso me pongo”.
No es falta de habilidad. Es un efecto paradójico del control emocional.
Evitación: el alivio que mantiene el problema
Otro intento común de control es la evitación:
evitar situaciones
evitar sensaciones corporales
evitar pensamientos
evitar decisiones
A corto plazo, evitar reduce la ansiedad. Y eso es justamente el problema.
Desde un análisis conductual, la evitación se refuerza porque:
quita el malestar momentáneamente
confirma que la ansiedad es peligrosa
reduce la oportunidad de aprendizaje
Con el tiempo, la vida se va haciendo más pequeña, y la ansiedad más grande. Este patrón se conecta directamente con la rumia mental, donde la mente intenta anticipar y prevenir todo.
Qué propone la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)
ACT parte de una idea contraintuitiva pero muy poderosa:
👉 el problema no es sentir ansiedad, sino luchar contra ella.
En lugar de control, ACT trabaja procesos como:
aceptación de la experiencia interna
defusión cognitiva
contacto con el momento presente
acción comprometida con valores
Aceptar no significa resignarse ni gustar de la ansiedad. Significa dejar de gastar energía en una lucha que no está funcionando.
El papel del mindfulness en la ansiedad
El mindfulness, aplicado de forma clínica, no busca relajarte ni eliminar síntomas. Su función principal es cambiar la relación con la experiencia interna.
En ansiedad, el mindfulness ayuda a:
notar sensaciones sin reaccionar automáticamente
observar pensamientos sin engancharse
regresar al cuerpo y al presente
Esto es especialmente relevante en personas con estrés emocional crónico, donde el cuerpo permanece activado incluso en contextos seguros.
¿Cómo ocurre el cambio terapéutico?
El cambio no ocurre cuando la ansiedad desaparece, sino cuando deja de dictar las decisiones.
En terapia, el proceso suele incluir:
aprender a tolerar sensaciones incómodas
reducir la evitación
exponerse gradualmente a lo que se teme
recuperar actividades importantes
construir una vida más amplia que el malestar
Desde fuera puede parecer simple, pero implica un entrenamiento psicológico profundo.
Un ejemplo clínico común
Muchas personas dicen:
“Cuando me siento ansioso, dejo de hacer cosas hasta que se me pase”.
El trabajo terapéutico no busca que la ansiedad se vaya primero, sino que la persona retome acciones significativas aun con ansiedad presente. Con el tiempo, el cuerpo aprende algo nuevo: puedo sentir esto y seguir viviendo.
Ese aprendizaje es más potente que cualquier técnica de control.
Una idea práctica inicial
La próxima vez que aparezca ansiedad, prueba cambiar la pregunta:
❌ “¿Cómo hago para que se vaya?”
✅ “¿Qué haría ahora mismo si la ansiedad no mandara?”
Esa pregunta abre espacio para la acción y debilita el control excesivo.
En conclusión
La ansiedad no se vence, no se elimina y no se controla como un interruptor.
Se atraviesa, se comprende y se integra de forma más flexible.
La psicoterapia basada en evidencia no promete una vida sin ansiedad, sino una vida donde la ansiedad ya no sea el centro.


